31.10.09

El beso de Judas.

Son pocos los que aun, a día de hoy, no se acuerdan de Magic Johnson. Uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, junto a Larry Bird fue el artífice de levantar una, por entonces, escasa de interés liga y ponerla en primer plano mundial. Magic era un jugador diferente, de dibujos animados. Sus pases sin mirar, su habilidad con la bola, lo poco ortodoxo de su posición en el campo, su capacidad de liderazgo… hicieron que millones de personas se engancharan al deporte de la pelota naranja en todo el mundo.





Pronto la NBA explotó su imagen y utilizó su permanente sonrisa como un icono que englobase todos los valores del deporte. Teníamos a un buen chico, que jugaba bien, bonito y además ganaba. El carisma de Magic era indudable.

Mientras tanto, con un gran nivel de juego pero sin la repercusión del Laker, Isiah Thomas iba rodeándose poco a poco de una serie de duros y polémicos jugadores en la ciudad del motor. Mientras los Lakers y los Celtics se repartían los títulos los Pistons de Detroit iban creciendo como equipo aspirante. En 1988 jugaron sus primeras finales contra los Lakers de Magic: Hollywood contra la ciudad industrial, la magia contra el cemento, la fantasía en ataque contra la más expeditiva defensa, el "Showtime" contra los "Bad boys".

Curiosamente, entre los líderes de tan antagónicos equipos existía una amistad que se ocupaban de proclamar al inicio de cada partido con un ya famoso beso. La eterna sonrisa y el chico malo de la liga demostraban como dos caracteres tan diferentes en una pista podían olvidar su rivalidad fuera de los 48 minutos del partido, todo un ejemplo a seguir.

Ese es al menos el recuerdo que guarda un enamorado de este deporte como yo; esa es la imagen que proyectaron a todos los amantes del baloncesto. Es por esto, que ahora me siento estafado por un libro que se acaba de publicar contando la legendaria rivalidad entre Johnson y Bird, en el que el ex – Laker desvela su poco aprecio por el base de los Pistons. Más de 20 años después y con el objetivo de lucrarse, decide enfangar la imagen de un “amigo”, destruir su relación y mostrarnos a todos que la sonrisa más característica de la liga era solamente una careta.

Existen dos posibilidades (ambas despreciables) en la actitud del Sr Johnson. Pudiera ser que la amistad no fuera tal y la enmascarase a fin de establecer una imagen de puertas para afuera que le permitiese mantener su leyenda intacta. Siendo así, no me parece mal la hipocresía de la que se sirvió ya que los seguidores al baloncesto fuimos muy felices con la imagen idealizada que teníamos de él y al fin y al cabo es lo único que se puede sacar como seguidor de un deporte. En este caso, debería haberse muerto manteniendo el engaño y demostrar así respeto por sus fans (entre los que he de aclarar no me incluyo) y por alguien que se creía su amigo. En el caso de que la amistad fuera cierta, me parece una puñalada trapera cargársela 20 años después por vender unos libros. Con amigos como Magic, mejor coleccionar serpientes.

Sea lo que sea, el daño ya está hecho. Yo desde ahora, cuando rememore esa época y vea al inicio de partido el famoso beso no podre sino acordarme de que Magic a estas alturas ya estará disfrutando de sus 30 monedas de plata.

2 comentarios :

  1. Es que a día de hoy juntarse con Thomas y decir que eres su amigo es algo peligroso, pesima gestión deportiva como directivo, denuncias de acoso sexual. Me imagino que magic en el momento tendría simplemente algo de buen rollo, se juntan en un par de orgias y punto, pero amistad de verdad ninguna, asi que ha aprovechado el bajo momento de su compañero para hechar más mierda, algo a fin de cuentas muy humano, aunque se trate de un mito.
    Mira y revisa las recientes palabras del mejor jugador de baloncesto de la historia Michael Jordan al entrar en el hall of fame, llenas de rencor y trapos sucios...

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  2. Conozco las declaraciones de Jordan y me parece que hace justo lo que Magic no ha sido capaz de hacer, extrapolar su carácter en la pista a fuera de ella. Es por todos conocidos que lo peor que se podía hacer con Jordan era desafiarle, humillarle o provocarle algún tipo de agravio ya que eso desataría todo su rencor y su competitividad. A día de hoy, sigue saldando cuentas y ya que no puede hacerlo con un balón lo hace con un micro.

    La obligación moral de los mitos es mantener su imagen ya sea siendo siempre desafiante, con declaraciones polémicas (Barkley) o manteniendo su eterna sonrisa.

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