Recuerdo como en cuando no era más que un infante, no faltaba el compañero de clase que me venía con una preguntita que me tocaba especialmente las narices: ¿De qué equipo eres? A priori parece de lo más inocente, pero el desarrollo posterior derivaba inevitablemente en enfado. Primero porque mi respuesta habitual era decir mi equipo de baloncesto cuando obviamente se referían al odiosamente llamado deporte rey (iluso de mí). Una vez aclarado este punto, mi posterior respuesta seguía sin satisfacer a mi interlocutor, que me concretaba siempre: “Ya, bueno, pero… ¿del Barça o del Madrid? Es decir, no se contemplaba la posibilidad de que me gustara otro equipo y que los dos grandes monstruos futboleros me parecieran la misma mierda, estaba obligado a elegir uno. Sin saberlo, ese compañero de clase me mostraba como funciona este país.
12.4.11
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)
