Ayer fui a ver la película Pagafantas con la idea de pasar un buen rato, reírme e ingerir gran cantidad de palomitas. Cuál fue mi sorpresa cuando vi en ella no una simple comedia, sino un homenaje a todos aquellos hombres que hemos sufrido o que hemos conocido a alguien que ha sufrido este fenómeno en algún momento de nuestra vida. Quiero destacar la reflexión final que pasa desapercibida entre las risas pero que está cargada de una fuerza dramática terrible.
(OJO SPOILER)
(FIN DEL SPOILER).
(OJO SPOILER)
Tomemos un segundo para reflexionar acerca de esto, más real de lo que puede parecer a priori. ¿De verdad las mujeres no sois capaces de daros cuenta de que cuando un amigo os hace favores, os presta dinero, acude raudo a consolaros cuando el ‘joputa de turno os deja tiradas, os hace magníficos regalos u os lleva al ballet, lo que quiere es enrrollarse con vosotras? ¿Tan difícil es verlo? Yo sinceramente y con la mano en el corazón os lo digo: NO. Conocéis de sobra las intenciones de vuestro amigo, pero vuestra retorcida mente os impide privaros de las ventajas que supone el pagafantas y de este modo alimentáis sus esperanzas con frases como “ojala todos los hombres fueran como tú”, “contigo sí que puedo hablar” etc. Maldita sea, si tan maravilloso es, follad con él de una vez.
Sin embargo, llegará aquel tipo del que todo el mundo sabe que es un cabrón, que la trata a patadas, no se gasta un puto duro en ella y conseguirá bajarle las bragas a la que se descuide. Dejad de pedir hombres buenos, de decir que os gustan divertidos, cariñosos, educados y respetuosos y admitid que lo que os gusta es que sean lo más cabrones y chulos posible. El colmo es cuando llegan los cuernos y el pobre pagafantas tiene que escuchar como pierdes el culo por ese degenerado. El marqués de Sade enrojecería ante tal actitud.
Yo hace tiempo aprendí la lección pero sé que alguno de mis lectores aún son capaces de ir a ver Pearl Harbor al cine o de remover el mundo por regalar una rosa negra a su “amiga” a fin de que se dé cuenta de que en realidad esté enamorada de él. BASTA YA.
Recuperemos entre todos nuestra dignidad. Vamos a despreciarlas, giremos la vista si se nos acercan en un bar, respondamos con borderías a sus preguntas y utilicemos esa mirada tan desarrollada por el género femenino mezcla de odio y asco. Si les ponen los cuernos por salir con un cabrón sólo se merecen un “se venía venir”; el día de su cumpleaños: “¿pero era hoy?”; y si vamos al cine que sea a ver la última de Tarantino.
De este modo lograremos varios objetivos: Primero compensaremos años de agravios y vejaciones, que siempre produce una gran satisfacción personal. Segundo recuperaremos el respeto de nuestros semejantes (y el mío también), lo que nos reportara éxito social. Por último, si al capullito de turno le funciona, puede que a ti lo de ser un cabrón también te sirva para sacarle punta al lapicero de vez en cuando.
Hacedme caso, todo son ventajas. SIN PIEDAD.
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