Poco a poco, la frase “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” se ha convertido en la vaselina del salvaje fist fucking al que estamos siendo sometidos por los poderes financieros. A base de repetir continuamente este mantra y aprovechando la ausencia de empatía de la que hacemos gala la clase obrera, han conseguido que en nuestra búsqueda de culpables miremos a un lado y a otro en vez de enfocar nuestra vista en donde realmente deberíamos hacerlo: hacia arriba.
Según quieren hacernos creer, en una época en la que esa fuente de dinero ficticio que es el crédito fluía sin cesar y la gente conseguía trabajos dignos con facilidad, mientras nuestros supuestos líderes afirmaban que España era una potencia económica, con los banqueros asegurándonos que la disparatada hipoteca que te ofrecían era asumible, con los expertos ekonomologos negando la burbuja inmobiliaria y demás maquinaria del sistema funcionando para que los que se estaban forrando se siguieran forrando, la culpa de que todo reventase era del currito que decidía comprarse una casa. Porque no olvidemos que ese lujo, esa vida fuera de nuestro alcance, esa bacanal de dinero y propiedades, se trataba en la gran mayoría de los casos de comprar una vivienda y, si acaso, un vehículo.
No voy a negar el error de muchos de ellos al valorar mal los riesgos de meterse en esa compra, ya que hacer caso de los voceros del capital siempre supone un error, pero no podemos olvidar que las consecuencias de esa decisión ya están siendo pagadas con creces. Familias en la ruina, con serios problemas para mantener su casa y bordeando el límite de la pobreza cuando no se han zambullido en ella de cabeza. Me parece suficiente penitencia por la falta de previsión de firmar la hipoteca sin saber que sus dos trabajos iban a desvanecerse, como para que encima se les culpe de la situación del país.
Mientras tanto, los que desregularizaron el mercado, los que dispararon el precio del suelo, los que arruinaron las arcas públicas con obras disparatadas y se llenaron el bolsillo con comisiones, favores y chanchullos, los verdaderos responsables de condenarnos a la pobreza se permiten el lujo de señalar en otras direcciones mientras nosotros les apoyamos legitimándoles con nuestros votos y nuestro silencio, en vez de pasarlos a cuchillo.
Pero el disparate no acaba aquí, ya que lo genios del FMI han llegado a la conclusión de que vivimos por encima de nuestras posibilidades en el más amplío de los aspectos, disfrutando de más años de vida de los que nos corresponden a los pobres. No sólo tuvimos la desfachatez de querer tener una casa y un coche, sino que encima pretendíamos sobrevivir jubilados demasiado tiempo aun sin ser útiles para el capital. Pero que no se preocupen, que eso también hemos empezado a solucionarlo empeorando la sanidad para evitar que se sigan derrochando años de vida.

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