Está expresión de rabia ante el rechazo, tan común en la redes sociales, no esconde sino un trasfondo en el que no es difícil ver que a día de hoy, en esta sociedad libre, moderna y progresista, las putas siguen estigmatizadas.
Que quede claro de primeras que cuando hablo de putas, me ciño a lo que dice la RAE sobre ello: Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero. Por lo tanto no me refiero a esclavismo, trata de blancas o demás lacras con las que cuenta el negocio del alterne. Es muy habitual entre la progresía, determinados colectivos y demás hipócritas mezclar los términos a fin de desprestigiar una profesión en la que lo único negativo que tiene es comerciar con un elemento totalmente sacralizado y sobrevalorado: EL SEXO.
La importancia de la prostitución está ahí. Se calcula que un 6% de la población española es consumidora habitual y que nos gastamos en torno a 50 millones de euros al día en esos servicios, para un total de 18.000 millones de euros al año. Incluso el periódico de mayor tirada del país (guiño, guiño) ingresa 5 millones de euros por medio de anuncios relacionados con las rameras. Un negocio rentable, antiguo y al que no afecta el paso del tiempo ni de las modas.
Sin embargo, se trata de algo completamente alegal. No está regulado, ni tienen derechos, ni cotizan o pagan impuestos. Las putas están desamparadas por una legislación que prefiere mirar hacia otro lado por miedo a las reacciones de los sectores más carcas de la sociedad. ¿Quién duda de que en el caso de intentar regularizar la situación de estas mujeres tendríamos a toda la derechona, determinadas asociaciones feministas, la iglesia y demás colectivos poniendo el grito en el cielo?
La legalización de las pilinguis aumentaría los ingresos de la seguridad social, daría amparo y cobertura médica a las putas, diferenciaría claramente las profesionales de las esclavas y devolvería la dignidad un colectivo al que aun se mira por encima del hombro. Además, daríamos un paso adelante hacia la normalización del sexo dando una oportunidad laboral bien remunerada a gente sin preparación académica. Están ahí, existen y seguirán existiendo mientras haya mujeres con necesidades económicas y hombres sin ganas de complicarse la vida en absurdos juegos de seducción cuando el único interés es meter en caliente.
Evolucionemos de una vez.

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