Seguro que a estas alturas todos habéis oído hablar de la llamada “Revolución silenciosa”. Me refiero a las medidas económicas que se están tomando en Islandia que los mass-media están empeñados en esconder a fin de que no se tome ejemplo en el resto de países. De este modo, han sido los bloggeros, twitteros, foreros… de corte izquierdista, inconformista e incluso antisistema los que se han preocupado de difundir estos datos para mostrarnos como la movilización hace posible los cambios que muchos tanto ansiamos. En realidad, que la misma no ha sido silenciosa parece bastante obvio, con noticias al respecto en los principales medios y con todo el mundo habiendo oído hablar de ella, pero… ¿es una revolución?
Por poner en antecedentes, Islandia era un país con tan sólo 310.000 (aprox.) habitantes con un nivel de vida altísimo y con una renta per cápita que era la envidia de europa. Con la llegada de la crisis, en 2008, la economía islandesa se vino abajo con efectos devastadores para sus entidades financieras y como no, para sus ciudadanos. Fue el primer país europeo en caer y, debido a la altura de la que lo hacía, el batacazo fue de órdago convirtiéndose en un país con una deuda inasumible y una moneda sin valor.
Aquí empezó la supuesta revolución. Los islandeses optarón por nacionalizar los principales bancos del país, completamente superados por las deudas a los inversores exteriores. Para poder afrontar estas, el gobierno pidió un préstamo al FMI que se completó con los de los países nórdicos. En total, más de 2500 millones para poder superar este momento tan crítico. A través de la presión ciudadana, el pueblo logró hacer dimitir al gobierno de pleno y adelantar las elecciones. En 2009 ya se había conseguido un hito, que es conseguir que un gobierno se responsabilice de la crisis. El nuevo gobierno, somete la decisión de devolver del bolsillo de los ciudadanos el dinero recibido a un referéndum (esto en España suena a sci-fi) en el que gana mayoritariamente el “no”, provocando la congelación de las ayudas por parte de FMI. Otras medidas han sido, la búsqueda de la responsabilidad en la quiebra del país, procesando jurídicamente a importantes cargos de los principales bancos y la redacción de una nueva constitución por el pueblo soberano.
Realmente, así escrito y expuesto como lo hacen los medios de información alternativos, suena realmente loable lo hecho por el pueblo islandés. Ciudadanos que castigan a los verdaderos responsables de la crisis tomando el control de su propio país. A mí también me impresionó cuando lo leí. De todas maneras, este tipo de medios suelen tener una importante carga de demagogia vendiendo un discurso simplista, muy útil y necesario para lograr la indignación popular, pero sin la profundidad necesaria para analizar unos hechos de esta magnitud.
Es por esto por lo que me puse a indagar intentando lograr a visión más global de la situación de este país y separar el grano de la paja. De este modo, lo primero que llama la atención son los datos directamente falsos que se han extendido por la red. Primeramente hay que aclarar que la nacionalización de los bancos no ha sido tal, ya que Kaupthing y Glitnir ya han sido entregados a los acreedores y Landsbanki está pendiente de la resolución del pago de la deuda. Tampoco es una asamblea elegida entre los ciudadanos (con serios problemas electorales por cierto) la que está redactando la constitución, teniendo está una función únicamente de consejeros. Ni siquiera los responsables financieros han sido encarcelados como se nos vende, saliendo la gran mayoría impunes y con la puesta en custodia policial durante unas horas de dos de ellos como única medida. Con estos datos el termino revolución empieza a quedarse bastante grande.
Pero centrémonos en lo que es verdad, la negación del pago de la deuda al FMI. Islandia se trata de un país que ha sido durante muchos años un paraíso para los especuladores. Esto hizo que los inversores extranjeros (principalmente ingleses y holandeses) se lanzarán de cabeza a meter sus ahorros en unos bancos que tenían unos tipos de interés elevadísimos en sus cuentas de depósito. Esta inyección de capital extranjero permitía a los islandeses llenarse los bolsillos y conseguir así un nivel de vida excepcional para un país pequeño basado en la exportación de pescado. En el momento en que estalla la crisis, el gobierno británico bloquea las cuentas de los bancos islandeses al descubrir que estos están repatriando el capital. Esto provoca la caída de los bancos y los acontecimientos anteriormente relatados. En ese momento la deuda exterior suponía 10 veces el PIB islandés con lo que resultaba imposible de pagar. Vamos, que directamente no era posible rescatar a los bancos, aunque se quisiera.
Sin el necesario rescate, los “banqueros” se quedaron sin ahorros y el gobierno se endeudó para pagar a los ciudadanos que tenían su dinero ahí metido con el fondo de garantía, del que se decidió excluir a los inversores extranjeros. Esto es, Islandia ha votado para no pagar la deuda a los ciudadanos extranjeros que tenían sus ahorros en dicho país, inclumpliendo la norma europea que obliga a garantizar al menos 20.000 euros por cuenta.
Sin el necesario rescate, los “banqueros” se quedaron sin ahorros y el gobierno se endeudó para pagar a los ciudadanos que tenían su dinero ahí metido con el fondo de garantía, del que se decidió excluir a los inversores extranjeros. Esto es, Islandia ha votado para no pagar la deuda a los ciudadanos extranjeros que tenían sus ahorros en dicho país, inclumpliendo la norma europea que obliga a garantizar al menos 20.000 euros por cuenta.
Resumiendo, de la supuesta revolución, en la que los ciudadanos han dado un golpe en la mesa ante la tiranía del capital, sólo tenemos a un montón de amantes del capitalismo que no han peleado por cambiar el sistema económico que les ha supuesto la ruina como país, sino por intentar mantener su estatus económico frente a la gente que durante años se lo proporcionó. Los islandeses estaban la mar de a gusto jugando a la especulación mientras ellos ganaban; pero ahora que toca perder, el juego no es tan divertido y prefieren cambiar las normas. ¡A las barricadas!

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