21.5.11

Jornada de reflexión

Por fin llega la tan cacareada y absurda jornada de reflexión. Mientras los políticos recogen sus bártulos a la espera de saber cuanto trozo de pastel les toca este domingo, en contra de la decisión de la Junta Electoral miles de personas han decidido seguir tomando las calles (con el apoyo de otros tantos de una u otra manera) para continuar con su petición de un cambio del sistema electoral, político y económico. Puesto que mi desilusión con la clase política es tal que no me interesan demasiado las elecciones, os invito a uniros a reflexionar acerca de un movimiento del que es imposible permanecer ajeno y despierta multitud de sentimientos.


ILUSIÓN: Imposible no tenerla cuando se ve por fin una gran masa de gente peleando, pacíficamente, por cambios en un sistema corrupto al servicio del capital. Ver como la indignación toma la calle es algo que no esperaba llegar a hacer y ha conseguido que recupere la esperanza en el ser humano. Acercarse a cualquiera de las plazas donde existen acampados es empaparse de una ilusión común y compartida.

VERGÜENZA: Al comprobar como una vez más, la clase política no se quiere enterar de lo que ocurre a su alrededor. Ajenos a las peticiones de la gente, siguen preocupados por rascar votos intentando dirigir el sentido del movimiento para sus propios intereses. Su torpe intento de arrimar el ascua a su sardina no hace sino confirmar lo necesario de este movimiento. Ni una declaración de autocrítica se ha visto entre unos personajes que han basado su política en el "y tu más" sin aportar soluciones mientras sus ciudadanos se empobrecen.

ORGULLO: Al sentir el apoyo de tantísima gente, al escuchar las felicitaciones de los ancianos y demás sabios y ante una reacción internacional impensable, con réplicas y apoyos a las acampadas a lo largo de todo el mundo.

IRA: Ante los voceros de los partidos políticos, completamente desconcertados por una situación que ni comprenden ni les interesa comprender. Han pasado de no darle importancia a desprestigiar a los participantes, buscar conspiraciones y manos negras, para finalmente adherirse sesgando las propuestas. Si bien su continuo ridículo sólo fortalece el movimiento, no deja de tocar los cojones tanta mezquindad.

INCERTIDUMBRE: Frente a los próximos días y meses en los que no puedo dejar de dudar en que todo esto llegue a buen puerto y no quede diluida entre las muchísimas voces que abarca. Se ha dado un paso importante, pero es solamente la batida de una carrera de fondo en la que la organización, la unión y la paciencia van a ser nuestras armas. Dudas que me llegan al ver como un movimiento tan plural se ramifica en cientos de pequeñas luchas en vez de centrarnos en las esenciales como son la reforma electoral y el cambio del sistema político y financiero. La presencia de propuestas tan variopintas, así como el arriesgado uso de las asambleas sin lideres visibles puede llegar a dividir o enfrentar a la gente.

FE: En la sociedad, en las personas y en su capacidad para pelear por un utópico progreso. Cuando nadie daba un duro por nosotros, cuando todo el mundo se extrañaba de la ausencia de movilizaciones, cuando más cómodos se veía a los mercados, la ciudadanía ha decidido tapar muchas bocas poniéndose en marcha de manera espontanea, sin necesidad de lideres o organizaciones.

Ahora toca utilizar la ilusión para contagiarla y extendernos entre todos los segmentos sociales, usar la vergüenza para confirmar nuestras intenciones, recargar energías con el orgullo, fortalecernos a través de la ira, no dejar de mejorar empujados por la incertidumbre y aprovechar la fe para no cejar en nuestro empeño. Hoy es jornada de reflexión, no dejemos de hacerlo mañana.

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