
Es sabido por mis allegados que valoro como nadie la hipocresía como virtud en las relaciones humanas, ya que creo que es la base de nuestra felicidad social y sin embargo, me resulta muy chocante esta misma falsedad en cuanto a los principios personales se refiere. Es por esto que los defensores de la fauna consiguen provocar mi ira, ya que es obvio que el ser humano basa parte de su nivel de vida en pisotear y explotar al resto de especies animales. Esto es así desde que abandonamos la edad de piedra y ha ido incrementándose a medida que ha aumentado nuestro bienestar, por mucho que gran cantidad de gente se declare amante de los animales y asegure que los trata bien.
De tanto en cuando es fácil descubrir una noticia en el diario en la que se llevan las manos a la cabeza (y con ellos sus lectores) por el trato inhumano que sufren caballos, perros etc. Pronto saltan los defensores de los animales, primero con un “pobrecillo” y luego arremetiendo contra el humano en cuestión por su salvajismo y falta de sentimientos. Yo siempre procuro informarme si los que hacen semejantes comentarios lo hacen desde la posición moral que les da no haber pisado nunca una cucaracha, envenenado una mosca, partido el cuello una rata o exterminado las orugas de sus plantas. Es fácil suponer que esto no es así.
Al fin y al cabo, como en su día aclaro Orwell “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros” y si bien el sentido de este brillante mandamiento en origen fue otro, viene como anillo al dedo a lo que trato de explicar: Sólo merecen consideración los animales "bonitos". Perros, gatos, caballos, delfines… son animales a los que dar una patada o sacrificar porque nos molestan se considera una barbaridad mientras otras especies menos consideradas se pueden exterminar sin que a nadie le importe o escandalice lo más mínimo.

Pero la hipocresía no acaba ahí ya que, al margen de la diferente consideración que hacemos por razas, existe un maltrato basado en nuestra feliz ignorancia. Al meternos una exquisita loncha de jamón ibérico, nadie se para a pensar en el cerdo que ha sido colgado de un gancho por la garganta y desangrado para que tu disfrutes de dicho manjar, o del pato al que entierran vivo y ceban a la fuerza hasta destrozar su hígado para que nos relamamos con su paté. No nos resulta cómodo pensar que los animales criados en granjas intensivas para la alimentación posiblemente sean los más maltratados así que lo borramos o nos valemos de la pobre excusa de la alimentación. Todo el mundo sabe que es imposible sobrevivir comiendo corderos ancianos en vez de lechales, que los huevos tienen una vitamina sin la que el hombre moriría o que nadie puede sobrevivir comiendo sólo vegetales.
Así llegamos al último punto de la divina trinidad de la hipocresía pseudoecologista: las mascotas. Me encanta ver como los amantes de los animales optan por tener un canario encerrado en una jaula diminuta privándole de la libertad de por vida o pasean a su muy bien cuidado perro con una correa en el cuello y amordazado. Eso por no mencionar una de las mayores y más aceptadas tropelías del hombre contra los animales que es esclavizar razas enteras para que nos hagan compañía. Hemos alienado, sometido completamente a especies salvajes negándoles una vida en libertad hasta que ni siquiera tengan capacidad para desear otra cosa y adecuando sus características genéticas por medio de cruces a nuestras necesidades. Gran acto de humanidad.
Ya sabes estimado lector, la próxima vez que critiques a un taurino o insultes a alguien por meter una camada en un saco y tirarla al rio, detente y reflexiona un poco sobre los animales que han sido torturados para que tu vivas mejor. No te permitas el lujo de juzgar a otro por hacer cosas que directa o indirectamente tú realizas a diario.
Tengo que decir, que salvo en el tema de que el ser humano ha alienado a razas enteras, estoy completamente de acuerdo contigo.
ResponderEliminarNo creo que se hayan alienado, si no que por su propio biensetar, se han adaptado a estar con los humanos. Es mucho más sencillo aprender que cuando el humano que te da de comer se acerca, hay que mover el rabo, para que a cambio, puedas vivir toda tu vida sin preocuparte por tu alimentación. Si sueltas un caballo, o una vaca, enseguida vuelve al corral donde suele estar, esperando la comida gratis que tiene el señor ganadero esperando para su engorde.
En cuanto a los peces de las peceras, no creo que sus 15 segundos de memoria les de para mucho. Los pájaros metidos en jaulas, ya son otro cantar, pero no estan alienados. ábreles la jaula, y ya verás lo poco que tardan en largarse.
Hay radica la tristeza del animal doméstico, que llega un punto que ni siquiera es capaz de vivir sin su amo. Al final la alienación supone conseguir que una raza no sea ni capaz de elegir, no se les detiene con grilletes o puertas sino sometiendo su voluntad generación tras generación hasta el punto de que ya han olvidado que antes eran libres.
ResponderEliminarPero has dado con uno de los problemas de juzgar el sufrimiento animal, que se hace desde el punto de vista del unico animal racional y moral. Yo realmente no puedo saber si un perro se siente o se deja de sentir libre, pero tampoco podemos saber si un toro se siente humillado o si una gallina es capaz de suponer que pasarse el dia en un recinto en el que ni se mueve no es la mejor vida que podría tener.
Tortura, humillación, alienación, esclavitud, libertad...son conceptos humanos que posiblemente no tengan sentido en el reino animal.